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LA ESTANCIA EN EL AULA DE LINAGUA Y ALGUNOS CUENTOS DEL PINAR Imprimir Correo
Escrito por Francisco Suárez Moreno   
27-02-2007
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La semana anterior a la de Carnavales, los días 14-16 del mes que se acaba, un grupo de 36 alumnos de 2º ESO acompañados del profesor que suscribe y de la profesora, Dolores Santana, a quién le asombró el desconocido mundo del pinar mejor conservado de Canarias, vivió unas interesantes jornadas de convivencia en el Aula de Naturaleza de Inagua.

Esta Aula está ubicada en el pinar de Ojeda, en la falda oriental de la Montaña de Los Hornos-Linagua, en una reconvertida casa forestal. El proyecto de estas actividades pueden los lectores extraerlo del documento en pdf que adjuntamos. Y el desarrollo de las mismas en el conjunto de imágenes fotográficas que exponemos en la galería de esta página web.

El alumnado no sólo experimentó las agradables sensaciones de estar dentro de un marco geográfico singular, un espacio protegido con la máxima categoría de protección (Reserva Natural Especial), zona ZEC, Reserva de la Biosfera y en los límites del amplio Parque Rural del Nublo, sino que convivieron y desarrollaron ambientes de colaboración y convivencia que tanta falta nos hace hoy en día.

Se resalta la preparación y la buena predisposición de los monitores de esta Aula de Naturaleza y el grado de empatía con el grupo. Y es que siempre suelen recibir con agrado a los alumnos de esta zona porque los consideran parte de la historia del lugar, pues sus antecesores siempre tuvieron al pinar como un medio de vida. Viven estos alumnos bajo la sombra del pinar de Linagua y por tanto es parte de su entorno y como tal deben ser los más sensibilizados en su protección.

Varios profesores colaboraron con la expedición como fue el caso de Luis Suárez en aspectos organizativos o Rafael Pérez en los culinarios, desplazándose ambos en días distintos para apoyar al grupo. Como también lo hicieron muchas familias facilitando el transporte en sus propios vehículos. 

Por todo ello va nuestro agradecimiento a unos y a otros y por estas muestras de  colaboración interdisciplinar así como por  la simpatía de los responsables del Aula hacia nuestros alumnos y alumnas que, dicho sea de paso, redescubrieron aquel mundo de sus ancestros, mundo de caminos, veredas, hornos, carboneras, brujas y cuentos.

En efecto, mil cuentos y relatos tenemos de este mágico lugar donde las estrellas parecen y lo son más brillantes que en otros sitios urbanos. Asombró a todos los alumnos ver por el telescopio del Aula al mágico Saturno con sus anillos, a los carros de estrellas,  a la inadmovible Estrella Polar y a otras tantas constelaciones.

De cuentos del pinar, muchos hicimos y cuentos de verdad. Uno fue sobre uno de los personajes históricos que hemos estudiado y que su singular biografía está en un libro que pueden consultar libremente en infonortedigital.com: El maestro de obras Simeón Rodríguez… (1994). Me decía hace muchos años su hija Primitiva Rosales,  que en paz descase, que siendo joven su padre se perdió, en compañía de unos amigos, en este pinar, cuando venían emparrandados de unas fiestas patronales de las Tirajanas y en la oscuridad de la primera noche pasaron mucha hambre. Al día siguiente los perdidos dieron con una casa en medio del pinar de Ojeda-Pajonales donde les ofrecieron alimento gofio amasado con agua. “ Y qué bueno estaba. Y más nunca repudió el gofio con agua que tantas veces lo hacía en casa de sus padres. Siempre nos ponía como ejemplo este cuento cuando nosotras nos quejábamos si en la mesa nos ponían la pella de gofio con agua”, más o menos así lo narraba Primitiva hace unos quince años.

De hambre también les conté el caso de aquel vecino de El Pinillo que subía al pinar con la burra de su padre para traerla cargada de pinocha, en los años cuarenta del siglo pasado, años de hambre y que en una ocasión le dijo a su padre: “Pa… deme la ración de millo que le da a la burra, la dejamos aquí abajo y yo traigo del pinar toda la carga porque yo estoy siempre desmayado”. 

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